Manuel Gálvez, Soneto al tango vencedor
Terminabase el siglo de las patrias grandezas.
La urbe, al enriquecerse, se había vuelto ingrata.
Así como sobraban hastíos y durezas,
faltaban esos bienes que nunca da la plata.
Crecía Buenos Aires, ansiosa de perezas,
rodeada de ranchitos y casitas de lata.
Necesitaba músicas, poéticas tristezas
y alejar el recuerdo de la pobre alpargata.
Había que olvidar los tiempos del salvaje,
las guerras que incendiaron la pampeana llanura,
la existencia monótona y el bursátil fandango
Y entonces, del suburbio, con su típico traje
de rojo colorido, de armoniosa ternura,
surgió la honda belleza trascendental del tango.