Director: Bartolomé Tiscornia | Martes 7 de Septiembre de 2010
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Una curiosidad artística: el “Moisés” de Miguel Ángel, por Jorge de Hegedüs

Especial para el “Club del Progreso”

El aporte que ha hecho el Renacimiento al mundo del arte ha sido grandioso, verdaderamente colosal. Pese al largo tiempo transcurrido, las creaciones artísticas surgidas en esa época no han perdido vigencia en absoluto; siguen impactando tanto desde el punto de vista intelectual, emocional y hasta en el técnico. Por ejemplo, en el ámbito musical se han destacado, entre otros, compositores de prestigio como Giovanni Pierluigi da Palestrina (1521 – 1596), Josquin des Prez (1440 -1521), Orlando di Lasso (1532 – 1594), Tomás Luís de Victoria (1548 – 1611), William Byrd (1540 – 1623), Giovanni Gabrielli (1553 – 1612), y Claudio Monteverdi (1567 – 1643).
Pero es innegable que las artes plásticas de esa época son las que se llevan todas las palmas. El arte visual tuvo un verdadero impacto a través de artistas notables. Existieron personajes de relevancia, entre los cuales se pueden destacar a Miguel Ángel, Rafael de Urbino (“Rafael”, 1483-1520), Leonardo Da Vinci (1452 - 1519), Alberto Durero (“Dürer”, 1471 – 1528), Alessandro di Mariano di Vanni Filipepi (“Botticelli”, 1445 – 1510), Tiziano Vecellio (“Tiziano”, 1490 – 1576) y Jacopo Comin (“Tintoretto”, 1518 -1594) y solamente para nombrar algunos de los más destacados. En este caso se hará referencia a una obra muy especial del primero de los nombrados.

Miguel Ángel
Miguel Ángel Buonaroti, o simplemente Miguel Ángel (1475 – 1564), ha sido un artista plástico de relevancia, el cual se concentró tanto en la escultura como también en la pintura. En ambos campos sobresalió, con creaciones que verdaderamente han impactado en el arte visual. Su tendencia artística ha sido básicamente religiosa, tomando como fuente de inspiración tanto a hechos históricos como también a personajes extraídos de las sagradas escrituras, es decir, la Biblia. En ese sentido no pueden dejar de mencionarse obras como “La Creación de Adán”, que es un fresco gigantesco situado en el techo de la Capilla Sextina del Vaticano, como también la colosal estatua de “David”, esculpida en mármol blanco, con una medida de más de cinco metros de altura.
Pero en este caso se trata de una escultura también hecha con el mismo material, basado en un importante personaje bíblico, gran líder israelita, el cual fue el encargado de sacar a sus hermanos de raza del cautiverio egipcio y conducirlos durante varias décadas hacia la Tierra Prometida. Se trata de Moisés. La altura de esta creación es menor que el “David”, pues llega a los 2.30 mts. Dicha obra fue realizada por un pedido oficial del Vaticano, con la finalidad de ser ubicada en la tumba del Papa Julio II, es decir, en la basílica de “San Pedro”. Pero finalmente, después del fallecimiento de éste máximo jerarca de la Iglesia Católica, la misma fue ubicada en un lugar de menor jerarquía, específicamente en la zona de Esquilino.
¿Qué es lo que se observa en esta gran creación? Se ve a “Moisés” sentado, mirando hacia su izquierda, con las tablas de la Ley dadas por Jehová (= Yahvé). Las mismas están apoyadas del lado derecho de su torso y también sostenidas por el antebrazo del mismo lado, mientras que el brazo izquierdo está cruzado al frente. Miguel Ángel aporta en forma genial a su “Moisés” una expresión que representa una mezcla de sorpresa, ira y hasta desconcierto. ¿La razón? Recordemos que mientras él recibió en forma solitaria las tablas de la Ley en el monte Orbe ― los 10 Mandamientos ― después de 40 días bajo el más estricto ayuno, el pueblo israelita se impacientó y por esta causa se había entregando al jolgorio idolátrico alrededor de un becerro de oro.
De acuerdo al relato bíblico del Éxodo, al ver Moisés semejante bacanal de sus compatriotas, ello nos lleva a especular, teniendo en cuenta esta creación del artista italiano, que se irguió desde la posición en que lo vemos en la estatua, y arrojó con furia las dos tablas contra el suelo para hacerlas añicos, demostrando con ello su enorme frustración por el comportamiento de la nación que él dirigía.

El detalle curioso
Es notable la forma en cómo Miguel Ángel trató el pliegue de las ropas que cubren a su Moisés, los cuales cubren su muslo derecho, dejando al descubierto la pantorrilla, aunque sí tapan casi en su totalidad el miembro inferior izquierdo, el cual está flexionado hacia atrás. Se puede apreciar también la recia musculatura que aportó Miguel Ángel a este relevante personaje bíblico. Su torso y extremidades están trabajados en magníficos relieves anatómicos.
Pero, ¿cuál es entonces, ese detalle al cual se quiere hacer referencia? Que Miguel Ángel esculpió el rostro de Moisés con cuernos (¡!). Este detalle ha sido siempre muy llamativo y muchos se han preguntado el por qué de este aspecto tan curioso. Pues bien, ello tiene su explicación, y la razón de este asunto es que Miguel Ángel pudo haber estado mal asesorado desde el punto de vista bíblico. El hecho se sustenta en el libro del Éxodo, compuesto por el mismo Moisés aproximadamente en el año 1512 a. E. C. el cual, específicamente en el capítulo 34, en su versículo 29 expresa: “Cuando Moisés bajó del monte Sinaí, traía en sus manos las dos tablas del testimonio y Moisés no sabía que su faz se había hecho radiante desde que había estado hablando con Yave”, de acuerdo a la traducción de Eloino Nacar Fuster y Alberto Colunga Cueto; “emitía rayos a causa de haber hablado con él”, según la traducción del “Nuevo Mundo”; “la tez de su rostro despedía rayos”, de acuerdo a la traducción “Moderna”; “la tez de su rostro resplandecía”, según la “Valera”; mientras que la “Biblia de Jerusalén”, “la piel de su rostro se había vuelto radiante”; “su cara resplandecía por haber hablado con el Señor”, según la “Versión Popular”. Todas estas expresiones, provienen de la expresión hebrea “karan ohr panav” y, como podemos observar, todas tienen prácticamente significados muy parecidos.
Pero estas traducciones, actualizadas correctamente desde el punto de vista lingüístico, son obviamente muy posteriores a la época de Miguel Ángel. El texto oficial utilizada por la iglesia en vida de este artista era la famosa traducción de Jerónimo de Estridón que vivió en el siglo IV de nuestra era. Este fue un docto notable que llegó a dominar los idiomas griego y hebreo antiguos. Jerónimo, mediante un gran ejercicio intelectual, tradujo toda la Biblia al latín, y dicha obra se la denominó como “Vulgata”, ― del latín “vulgatus”, “común” o “divulgado” ―. Pero en su traducción del texto de Éxodo citado con anterioridad, Jerónimo vertió “karan ohr panav” como “esset facies sua”, es decir, “su rostro era cornudo”. En otras palabras, en vez de traducir “emitía rayos”, “despedía rayos”, “se había vuelto radiante”, o “resplandecía”, según esta traducción de Jerónimo el rostro de Moisés tenía “cuernos”. Pero, ¿por qué esta diferencia tan notable? Porque en el idioma hebreo antiguo la palabra “karan” tiene dos significados básicos: “rayo”, “resplandecía” y también “cuerno”.
De esta forma, aunque los cuernos que vemos en esta famosa estatua de Moisés responden a una traducción literal correcta, en este caso está completamente fuera de contexto. La misma se fue corrigiendo en las versiones modernas.
De todas maneras, la estatua creada por Miguel Ángel no pierde belleza alguna pese a este error tan llamativo.