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Corbatta: El dueño de la raya*, por Reinaldo Spitaletta

Investigación de Reinaldo Spitaletta de Medellín, Colombia, gentileza de Darío Vergottini

* Publicado por Agenda de Reflexión el Diciembre 6, 2006

A la pelota nunca le pegó. La acariciaba, como a una mujer. Por eso no se la podían sacar, aunque le tiraran hachazos.

"Ella nunca se quería ir de mi lado", o, mejor dicho, no se quería despegar de su pierna derecha, la de Oreste Omar Corbatta Fernández, el que, según muchos ˆincluido Pelé- fue el mejor puntero derecho de la historia.

Sí, Corbatta, El Loco, el dueño de la raya. Era un creador de lo insólito, un espécimen extraño que fuera de las canchas era tímido pero, adentro, demostraba tanta magia y picardía como El Vagabundo de Chaplin. Jugó en Racing, en Boca, en el Medellín de Colombia, en San Telmo y, claro, en la selección argentina.

Llegó a Racing procedente de Chascomús, con 19 años de edad, en alpargatas, una camisa a cuadros y un aire de fenómeno. No traía maleta, sólo lo que llevaba puesto. Y desde entonces comenzaron a llamarlo El Loco, por sus diabluras en la gramilla, por sus gambetas y ese modo de hacer fácil lo difícil.

Le gustaba arrancar de atrás, tener contacto con el balón, para no aburrirse. Se pegaba la pelota a los pies. En 1956, en un partido amistoso entre Argentina y Uruguay, en Montevideo, comenzó a hacer malabares y se daba tremendo banquete con el duro Pepe Sasía, al que paseaba como a un bebé. Otro uruguayo, para bajarle el atrevimiento, le propinó un patadón y lo dejó retorciéndose en el piso. Entonces, con la apariencia de darle consuelo, se acercó Sasía y sorpresivamente le pegó un puñetazo en la boca. Desde aquel día, a la sonrisa de Oreste Omar Corbatta le faltaron dos dientes.

Con esa manera de jugar, Corbatta fue creciendo como ídolo de multitudes, pero también en desboques. Eran famosas sus farras, que lo hacían llegar borracho a los partidos. Con 1.65 de estatura y 62 kilos de peso, el puntero derecho era una sensación, por sus cabriolas, por su precisión en el disparo, por sus chanfles endemoniados y, también, por sus tiros penales. "Nunca me ponía de frente a la pelota, siempre de costado. Le pegaba con la cara interna del pie derecho y en el medio, con un golpe seco. Además, agachaba la cabeza para que el arquero no adivinara dónde iba a tirar y en cambio yo veía todo lo que él hacía. En cuanto se movía era hombre muerto...".

Nacido en La Plata, era de una familia pobre, de ocho hermanos. No aprendió a leer y escribir, asunto que siempre lo entristeció. Se sentía apocado cuando sus compañeros miraban y comentaban diarios y revistas en las concentraciones.

Su época más brillante fue en 1957, tanto en Racing como en la selección. Ese año ganaron el Sudamericano de Lima junto a Sívori, Maschio, Angelillo y el Pipo Rossi. El mejor gol de su carrera lo anotó, precisamente, el 20 de octubre del 57, en la cancha de Boca, jugando con la selección frente a Chile, por las eliminatorias al Mundial de Suecia. Primero gambeteó a dos rivales, enfrentó al arquero, lo burló, se detuvo, amagó, hizo pasar de largo a otro defensor y volvió a frenar. El público suspiraba. Amagó nuevamente y, al final, colocó el balón donde quiso, junto a un palo, tras dejar sentados a otros dos chilenos. Un golazo increíble. Tanto que la revista estadounidense Life, por entonces tal vez la más prestigiosa del mundo, publicó en su portada por primera y única vez una secuencia de fútbol con la foto de Corbatta.

Fue campeón con el Racing de Pizzutti, el equipo de José. En 1963 pasó a Boca Juniors, que lo compró por 12 millones de pesos, con los cuales el Racing amplió su estadio en Avellaneda y construyó un complejo deportivo. Dos años más tarde llegó al Medellín, con el cual fue subcampeón en 1966.

En su decadencia, alcoholizado y sin hogar (pese a que se casó cuatro veces), Corbatta vivió sus últimos años en el camerín del estadio de Racing. Murió en la miseria más atroz, agobiado por un cáncer de laringe. Hace 15 años, el 6 de diciembre de 1991, apenas a los 55 de edad, se fue el que muchos consideraron el más grande puntero derecho, por encima de Garrincha, Bernao y Houseman.

Página 12 tituló: "La muerte se pasó de la raya".

Una calle, junto al estadio de Racing, lleva su nombre. Tal vez muchos lo arrojaron al olvido, pero la que nunca se despegó de él fue la pelota. Claro, es que la acariciaba.