Director: Bartolomé Tiscornia | Martes 7 de Septiembre de 2010
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Un hombre de la causa nacional

Resulta de interés reproducir una página de Jorge Newbery donde reseñó su pensamiento antimonopolista y su inquietud por los negocios públicos. Se trata de sus consideraciones generales sobre la municipalización del servicio de alumbrado, reproducido en los Anales de la Sociedad Científica Argentina (Tomo LVII primer semestre de 1904)*. No fueron sus únicos trabajos en esta línea: también debe mencionarse la municipalización de los servicios públicos (1904) y el anteproyecto para la explotación de la corriente eléctrica y del gas en el municipio de la Capital federal (1908).
En el primero de esos trabajos, afirmaba Newbery: 'La historia de la formación de los pueblos nos pone de manifiesto los grandes errores en que casi siempre se ha incurrido, cada vez que se ha introducido un nuevo progreso, un adelanto cualquiera tendiente a beneficiar la comunidad. El deseo natural, apoyado por la necesidad relativa de llenar un servicio, ha originado la existencia de las liberales concesiones que hoy están en manos de la especulación, No se trató entonces de fijar un límite al deseo de la mejora ni se pensó en el porvenir, sino tan sólo en las circunstancias del momento. No se tomó en cuenta que la civilización transforma en necesidades imprescindibles lo que en un principio sólo reviste el carácter de una mera aspiración'.
'Nada más justo, entonces, que la iniciación de la campaña provocada; ella se imponía. Hemos llegado a la edad de la razón. Las ingentes sumas que han ido a parar a las arcas del capital privado nos ha aleccionado y nos ha hecho palpar la conveniencia de la reacción. Esa innovación será un hecho, aun cuando para ello habrá que chocar seguramente con grandes dificultades. No es difícil prever la guerra que se iniciará, ha de ser sin cuartel'.
'Sin ir más lejos, el grito de la crítica, ha llegado hasta sostener la incompetencia de la autoridad para regentear y presidir la complicada administración que impone de por sí la existencia, o más bien dicho, la realización del proyecto. No ha vacilado tampoco en manifestar su seguridad, de que ella sería un foco de corrupción administrativa, donde reinaría el desquicio y la desorganización con su consecuente resultado final: el fracaso'.
'Más aquellos que tal cosa sostienen, ignoran seguramente que las simples aseveraciones, por dogmas que sean, sin pruebas y como caídas del cielo, no tienen valor alguno científico, porque son puras hipótesis gratuitas. Por otra parte, ¿es posible admitir que en asuntos de esta índole pueda discurrirse sin basarse en la ciencia prescindiendo de las enseñanzas administradas por la práctica? No; la tesis de que no podemos ni sabemos administrar que es la más seria y absurda, pues además de probar la práctica todo lo contrario, como se verá, aunque sea en otro terreno, equivaldría negarnos la virtud cívica, desconocemos aptitudes morales, intelectuales que nadie nos ha desconocido hasta la fecha, Ante todo existe un medio poderoso para defendernos con éxito, de caer en la corrupción que se presagia, que es otro de los cargos , y ello es, llamar al seno de la comisión o autoridad a quien se confíe el manejo del capital, la realización del proyecto y después su mantenimiento, a hombres de bien y de reconocida competencia, de posición independiente, con los cuales el éxito se asegurará. No deberá salirse de esta vía ni un solo instante, si es que no se quiere dar una ventaja indiscutible a los que, por hoy, podemos llamar nuestros enemigos'.



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