Director: Bartolomé Tiscornia | Jueves 9 de Septiembre de 2010
Busqueda en el sitio





Columnas anteriores


Mansilla y los ranqueles

Marcos Sastre: un gran olvidado, por Lucía Gálvez

Ausencia y vigencia de Alberdi, por Armando Ribas

La conducta Cavendish, por Lázaro Covadlo desde Cataluña

Luis Sáenz Peña. Centenario de su fallecimiento, por Jorge J. Cortabarría

La encarnación de lo políticamente incorrecto

Homero Manzi: El gran poeta, por Oscar Marmol

Predestinación centenaria

"No me dejés solo, hermano", por Osvaldo Soriano

Hillary - 60 años, por Albino Gómez

Prev | 2 | Next

Perfiles: Jorge Newbery, por Emilio J. Corbière

'... Por esto a la menor tentativa de reparación en favor del público perjudicado basta para que pongan el grito en el cielo. Para ellos no hay razones; el único Norte que les guía es el lucro; sabiendo de esta esfera, todo es malo; simple iniciación de cualquier proyecto que tienda a mejorar la situación de la comunidad que tanto los favorece, siempre que ello amenace tocar en lo más mínimo sus intereses, basta y sobra para que cierren sus puertas a la más clara razón. De ahí ha nacido el monopolio de la electricidad y la unión entre las compañías de gas que hoy nos dominan a tal punto y de tal manera que nos vemos precisados a soportar con estoica resignación todo el imperio que emana de su tiranía'.
Jorge Newbery (1904)



Jorge Newbery está ligado íntimamente al surgimiento de la aviación argentina. Aventurero, dandy, fue sin embargo un hombre de ideas definida sen cuanto al futuro argentino y muchas de sus concepciones nacionales suelen ser olvidadas por la crónica periodística y los panegiristas superficiales, deslumbrados solo por el aspecto heroico de la vida de Newbery.
El 13 de enero de 1908, por inspiración de los hermanos Newbery, fue creado el Aeroclub Argentino, que coincidió -pocos días antes- con la primera ascensión y vuelo del Pampero, un globo de algodón con una capacidad de 1200 metros cúbicos de gas. La subida del legendario pampero, primera experiencia aerostática cumplida en la Argentina, en el día de Navidad de 1907, constituyó un hecho trascendental para la aeronáutica nacional.
Jorge Newbery, su hermano Eduardo y Aarón de Anchorena figuran entre los pioneros de la aviación argentina, y la crónica también señala a hombres como el diputado socialista Alfredo L. Palacios y el actor teatral Florencio Parraviccini entre los que viajaron en aquellos primitivos transportes aéreos.
Aquel 25 de diciembre de 1907, el globo -inflado con gas de alumbrado- ascendió piloteado por Aarón de Anchorena -su propietario- y Jorge Newbery desde la Sociedad Sportiva Argentina de Palermo. Tras cruzar el Río de la Plata habiéndolo ascendido a 2000 metros, el globo aterrizó en Conchillas, departamento de Colonia, Uruguay.
Diez meses después de aquella proeza -el 17 de octubre de 1908- , el globo se perdió, probablemente en aguas del Atlántico. Lo tripulaban en esa oportunidad Eduardo Newbery y el sargento primero Eduardo Romero y había levantado vuelo desde la quinta Los Ombúes, de Ernesto A. Tornquist. Desde allí, el globo partió a las 17:30 horas avistándoselo por última vez a las 12 del mismo día del ascenso sobre la localidad bonaerense de Moreno.
Todavía puede verse, recorriendo las páginas de Caras y Caretas, a los hermanos Newbery junto al Pampero, a don Alfredo L. Palacios, con su rancho de paja encasquetado en la cabeza, o la sonrisa mefistofélica del inefable 'Parra', que logró, años después, el brevet de aviador número dos en el país.
Newbery colocó el Aero Club, sus instalaciones, su parque aerostático (siete esféricos, gas, instrucciones) a disposición del Ministro de Guerra. Sobre la base de este ofrecimiento el Poder Ejecutivo creó la Escuela Militar de Aviación el 10 de agosto de 1912.
AL entregar la escuela, Newbery afirmó en presencia del ministro de Guerra, general Gregorio Vélez: 'Debe reconocerse que éste es un día fausto para el Aero Club Argentino. Cuando lo fundamos en 1908 uno de los propósitos establecidos en los estatutos era crear la escuela de Aerostación del Ejército. Pero antes de poder realizar esta patriótica idea fue menester ejecutar serios trabajos que tuvieron la aprobación, no tan solo de nuestras instituciones armadas, sino también del extranjero. Que el programa se ha cumplido esta reunión lo evidencia. El estudio de las capas atmosféricas y nuestra seriedad sportiva nos mereció primeramente el alto honor del Congreso Aeronáutico de París, de 1910, incorporándose a la Federación de Aeronáutica Internacional, entidad deportiva que gobierna la aeronáutica mundial'.
'Ella ha formado y es asesora técnica de la aeronáutica militar de los principales países del Viejo Mundo, Que hemos merecido también un estimable concepto de nuestros compatriotas lo prueba el entusiasmo producido en hombres progresistas y estudiosos, y con la ayuda de otros para todas las causas dignas de apoyo. El decreto firmado por el Presidente de la Nación, refrendado por Vuestra Excelencia aceptando nuestra iniciativa y elementos, creando la Escuela de Aeronáutica Militar, cuya dirección se nos confía temporariamente es también la demostración más elocuente de que hemos llenado nuestros propósitos primordiales'.
Como director técnico y profesor de teoría de aviación de la Escuela, Jorge Newbery se transformo en el 'alma mater' de la reciente aviación argentina, y a su tesón de debe también la creación en El Palomar de la Escuela de aviación. Por todo ello, la Fuerza Aérea lo declararía, años después, fundador de la nueva institución militar.

Una vida plena

Jorge Newbery había nacido en la Capital Federal el 29 de marzo de 1875, cursó sus estudios de bachiller en el Colegio Nacional. Sintiendo vocación por la mecánica, después de obtener el título de ingeniero se trasladó a los Estados Unidos, diplomándose en la universidad de Drexel, Filadelfia. Prestó sus servicios un año después como ingeniero electricista en la compañía de luz y tracción del Río de la Plata.
En 1897 fue nombrado como ingeniero electricista de primera clase en la Armada Nacional. Al año siguiente fue ascendido y enviado a Europa como comisionado especial con el objeto de comprar e investigar la construcción del material eléctrico para la Marina y defensa de las costas. Al retirarse de la armada asumió la dirección municipal de instalaciones eléctricas y alumbrado puesto que ocupaba antes de morir.
Viajó varias veces a Europa y como allí era conocido por sus diversas actividades deportivas, una de sus principales preocupaciones fue hacer conocer el adelanto alcanzado en breve tiempo por el vuelo mecánico en nuestro país y los trabajos realizados por el Aero Club Argentino.
En los aeródromos de Hendon (Inglaterra), Johannistal (Alemania) y en muchos de Francia, tuvo ocasión de efectuar de efectuar numerosos vuelos, mereciendo sus exhibiciones la más franca aprobación de los entendidos del Viejo Mundo y varios artículos de los principales diarios y revistas de esos países.
Dio conferencias sobre la importancia científica de vuelo de altura, en el instituto Tiffel de París. Despertó especial interés por ser la primera vez que se trataba este tema, debido al carácter profesional de la mayoría de los aviadores franceses quienes guardaban secretos de la ascensión para mantener la competencia.
Boxeador, esgrimista, remero, en todos los deportes sobresalió por su empuje y su preparación física y moral. Y esa vida del deporte no le impidió ejercer brillantemente su profesión de ingeniero, y participar de las grandes luchas nacionales contra los monopolios extranjeros. En ese sentido su trabajo sobre la municipalización del servicio de alumbrado y la nacionalización del servicio de gas, constituyen dos contribuciones fundamentales, en los primeros años del siglo, enderezados a la defensa de nuestro patrimonio energético.



1 | 2