Director: Bartolomé Tiscornia | Jueves 9 de Septiembre de 2010
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Ernesto Poblet
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Japon 1543

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Japon 1543: los siglos no le hicieron perder ciertos talentos, por Ernesto Poblet

Cincuenta años después de Colón se produce por casualidad un interesante y aleccionador contacto de Occidente con los japoneses.

Un barco portugués viajaba hacia la China. Naufragó y quedó a la deriva. Después de varias semanas encalló en la Isla Tanegashima, al sur de Kyushu. Los isleños japoneses -solidarios- rescataron al navío con su tripulación y comenzaron a repararlo para que los europeos pudieran volver a su patria. Estos, agradecidos, realizaron una demostración de sus armas de fuego con un efecto deslumbrante para los ojos orientales. La crónica japonesa de la época describe textualmente los fusiles: "tubos negros que lanzaban fuegos estruendosos y simultáneamente dan al blanco con una distancia de setenta metros".

El feudal de Tanegashima quedó asombrado de la precisión y compró dos ejemplares, los cuales pasaron a ser los primeros fusiles que detentara la nación nipona. Los portugueses aprovecharon la situación para cobrar un precio siete veces mayor que el que correspondía. Al mismo tiempo vislumbraron la posibilidad de una futura y óptima operación comercial. El traslado del armamento también garantizaba cierta seguridad en la travesía. Negocio redondo.

Pasó el tiempo correspondiente y los portugueses volvieron al Japón con los barcos repletos de fusiles para la venta. Les llamó la atención la indiferencia con que los recibieron sus gentiles anfitriones respecto de las armas. Mucho agasajo con reverencias y cordialidades pero nadie compraba ni se interesaba por los fusiles. Pensaron en las extrañas tradiciones orientales. Habían oído alguna vez que los feudales consideraban a las armas de fuego como cobardes e indignas de un samurai, de un auténtico caballero de la guerra.

El feudal de Tanegashima pensaba así -lo repetía- pero ello no le impidió ordenar desarmar y estudiar detalladamente los dos fusiles comprados. La única industria metalúrgica conocida en Japón era la de los herreros que fabricaban espadas. Con éstos logró dominar la técnica del copiado y decidió su fabricación en un centro industrial situado en Sakai, cerca de Osaka. Ordenó mejorar la tecnología y obtuvo mejores precisiones y distancias que las dos armas vendidas por los portugueses. En la batalla de Nagashino (1575) los japoneses se presentaron sólo con guerreros fusileros.

En un film cómico norteamericano ("1941") la Armada del Japón logró invadir y saquear la ciudad de Los Angeles. Un japonesito se encuentra con que el aparato de radio que había robado no puede penetrar por las estrechas puertas del submarino. Lo mira a su compañero y le dice: "Vamos a tener que hacer estas mismas radios pero más chiquitas..."