Director: Bartolomé Tiscornia | Martes 7 de Septiembre de 2010
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Lazaro Covadlo
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¡Cáspita, nos disgregamos!, por Lazaro Covadlo, desde Cataluña

Ahora los astrofísicos salen con que el destino del universo es disgregarse. Disgregarse en el infinito, pero, ¿qué es el infinito? Hasta ahora ningún sabio ha logrado que lo entienda.No consigo imaginar el infinito, y tengo para mí que al ser humano le es imposible concebir nada que no pueda ser configurado por su imaginación, es decir, por el centro estructurador de imágenes.La noticia la leí en el diario argentino La Nación, y es que Alejandro Clocchiatti -uno de los investigadores- es argentino y está en el equipo de científicos que sostiene que el cosmos se expande cada vez a mayor velocidad. Clocchiatti no pretende demostrar que también existen argentinos fuera del psicoanálisis y el fútbol, sólo quiere informar de que el universo actual se expande con mucha mayor rapidez que cuando nació (¿os acordáis del instante del big-bang?, ¡qué época aquella cómo ha pasado el tiempo!).

Es perturbador, pero la tendencia a la disgregación se manifiesta en todas partes, vean si no los diversos separatismos que brotan en Europa. En el pueblo en el que vivo, sin ir más lejos, hay separaciones a manta: cada miembro de la pareja se va por su lado y los hermanos no se dirigen la palabra. ¡La disgregación, la disgregación! Me hace evocar aquella otra famosa exclamación: ¡El horror, el horror!, de El corazón de las tinieblas, la mejor novela de Joseph Conrad. Ya que menciono las tinieblas, Clocchiatti y su gente afirman que la disgregación universal es impulsada por una fuerza oscura que contrarresta la gravedad y surge de la nada ¡Cáspita!

Pienso todo esto en el bar de la estación de Sant Vicenç de Calders, en Comarruga, mientras espero a un viajero que ha de llegar de Lleida, y al observar la parroquia, compuesta por magrebíes, un par de rusos, una pareja de guiris (¿americanos tal vez?), un borracho que parlotea con acento andaluz y tres payeses que comentan el último partido del Barça contra el Betis, me digo que el bar de la estación es como la Taberna Galáctica imaginada y pergeñada por el gran dibujante y creador Josep Mª Beà. En esta taberna ferroviario-galáctica la tendencia parece opuesta a la del resto del universo, pues aquí se contrae la materia humana formando un conglomerado muy singular y a la vez plural, que ya no sé lo qué digo, pero Alejandro Clocchiatti y los de su equipo sí que pretenden saber lo que dicen, y dicen que los objetos espaciales se alejan a una velocidad proporcional a su distancia, lo que significa que cuanto más lejos están más rápido se alejan otra vez: ¡cáspita!

Supongo que habrá que creer en la palabra de estos señores: 51 investigadores del High Z Supernova Search Team y del Supernova Cosmology Projet Team, quienes acaban de recibir, en Cambridge, el Premio Gruber 2007 dotado de 500.000 dólares y considerado el «Nobel» de la cosmología. Es una buena pasta, pero no olvidemos que a repartir entre 51 científicos, y así queda a menos de 10.000 por cabeza. ¡Vaya disgregación!

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