Ciencia, tecnología y sociedad**, por Pablo Miguel Jacovkis*
*Facultad de Ciencias Exactas y Naturales
Universidad de Buenos Aires
Ciudad Universitaria, 1428 Buenos Aires, Argentina
jacovkis@de.fcen.uba.ar
**Texto de la exposición de Pablo Miguel Jacovkis en el Foro del Club del Progreso el día 7 de febrero de 2007
Como todos sabemos (y sufrimos) la Argentina está remontando una crisis política, económica, social y moral como probablemente no se recuerde desde la época de Rosas, y seguramente como nadie de los aquí presentes recuerde haber experimentado alguna otra vez en su vida. En algún sentido me atrevería a decir que es mayor que en los tiempos de Rosas, porque en esa época los proscriptos tenían confianza en un futuro mejor, e ideaban una Argentina posible; tanto el formidable Facundo como las Bases y puntos de partida para la organización política de la Confederación Argentina eran análisis de lo que se debía cambiar y de cómo se debía cambiar. Y no parece haber ahora ni un Sarmiento ni un Alberdi. Naturalmente, la situación es mucho mejor que hace cinco años, y el actual gobierno ha logrado inyectar optimismo (o hacerlo recuperar) en forma impensable a principios de 2002. Además, a pesar de la falta de proyecto común visible, permanentemente se ve en la actividad cotidiana de la gente una potencialidad que reconforta, por un lado, y sorprende, por el otro: ¿De dónde sale una vitalidad como la de tantos argentinos? ¿Cómo es posible que la actividad cultural de Buenos Aires, por dar un ejemplo, sea tan impresionante, y provoque la admiración de los extranjeros que nos visitan? Y, para comenzar a entrar en el ámbito de la ciencia y de la tecnología, que es en definitiva el motivo por el cual el Club del Progreso me ha honrado invitándome a participar de sus almuerzos con estas reflexiones, ¿cómo es posible que haya, en muchos lugares del país, y con las dificultades que todos conocemos, islotes de calidad científica y tecnológica inusitadas? Sin ir más lejos, los equipos olímpicos de estudiantes secundarios en ciencia obtienen éxito tras éxito en el exterior (en la Olimpíada Internacional de Matemática de 2006 en Eslovenia, por ejemplo, los chicos argentinos consiguieron dos medallas de plata, dos de bronce, y una mención de honor; en la Olimpíada Internacional de Química de 2005 en Taiwan, de los cuatro chicos participantes uno consiguió una medalla de oro y los otros tres consiguieron medallas de plata: se clasificaron en el séptimo-octavo puesto sobre 59 países, delante de Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña y todos los otros países latinoamericanos). Y no vaya a pensarse que los participantes son solamente porteños, o de las grandes ciudades. Pequeñas ciudades aisladas producen chicos deslumbrantes, que a pesar de que todo les juega en contra logran sobrevivir y triunfar.
Lo que quiero indicar con esto no es un pesimismo abrumador, como la primera parte del párrafo anterior podría hacer pensar, ni un optimismo autista, como podría hacerlo pensar la segunda. La situación puede mejorar, y pronto. Usando lenguaje de matemática aplicada, hay solución factible.
Ahora bien, introduje esta exposición con cuatro adjetivos referidos a la crisis: política, económica, social y moral. Me interesa sobretodo el último, porque es común que se lo deje de lado. Y sin embargo creo que ese adjetivo, o el adjetivo que cada uno considere más adecuado para describir lo que enumeraré a continuación, es la clave para la recuperación argentina, y permitirá también ubicar a la ciencia y a la tecnología en un lugar realista, como herramienta imprescindible pero no como panacea universal. La crisis moral se refleja en la falta de solidaridad y de proyecto de vida común, en el “todo vale”, en la dificultad de diálogo, en la imposibilidad de sacrificar un poquito los intereses personales, o de grupo, o de corporación, en aras del interés general, del “bien común”, en no ser concientes, como ciudadanos, que no sólo debemos exigir nuestro derechos, sino también cumplir nuestros deberes y, sobre todo, en admitir que ciertas ideas preconcebidas pueden estar equivocadas, que el futuro de nuestro país no es necesariamente la ruina definitiva, pero tampoco tenemos un destino manifiesto, ni estamos destinados al éxito, ni a descollar entre las naciones. Aceptemos por el momento un papel más modesto, y tratemos de salir adelante.
Pasemos ahora a comentar un poco qué rol juega la ciencia en el marco de la crisis actual. Bajo ciertas condiciones, un rol fundamental. Más concretamente, no existe posibilidad alguna de desarrollo de ningún tipo sin tener ciencia y tecnología de primera. Es duro decirlo, pero es así. No podemos exportar solamente productos primarios porque puedan circunstancialmente venderse bien; cada vez es más importante exportar productos de alto valor agregado, y comercializarlos en el país para mejorar la calidad de vida de la Nación. Y sin ciencia y tecnología de primera calidad, no lo podremos hacer. Naturalmente, se puede pensar en un país completamente autárquico, aislado del mundo, con su población razonablemente alimentada, dada la capacidad enorme de producción agrícola-ganadera del país (no como ahora, que da vergüenza que todavía hay chicos que se mueren de hambre). Una Corea del Norte sin hambruna, digamos. Independientemente de lo deseable o no que sea ese país (y, aclaro, para mí no es deseable en absoluto), es inviable, salvo que se produzca una revolución como la de Corea del Norte, lo cual es bastante difícil, teniendo en cuenta además que ni siquiera en Corea del Norte el comunismo se hubiera impuesto sin la ocupación del entonces Ejército Rojo. Por consiguiente, tenemos que pensar un proyecto nacional razonablemente abierto, viable, que asegure el crecimiento, que tenga bastante consenso, y que provoque entusiasmo. Es decir, que un número considerable de personas de todas las edades y posiciones sociales lo consideren parte de la identidad nacional. Esto no es tan utópico e iluso como se puede pensar. Hubo épocas en las que había temas consensuados por la mayor parte del país, y sobre todo por la mayor parte de los intelectuales, que son quienes tienen la tremenda responsabilidad (a la altura de la cual, lamentablemente, no han estado en nuestro país desde hace muchos años) de plantear los grandes problemas. En efecto, el paradigma de sustitución de importaciones era aceptado por la mayoría de los argentinos durante muchos años; que YPF fuera la empresa nacional de petróleo y la Comisión Nacional de Energía Atómica la empresa nacional de energía atómica, llegó a tener valor de mito. Con esto no quiero decir que eso estuviera bien o que estuviera mal: simplemente, que hay imágenes aceptadas por la sociedad como naturales de la identidad de un país, aunque esas imágenes van cambiando y, en el caso de los ejemplos dados, van desapareciendo, debido a su contradicción con la realidad general. Pero esas imágenes dan sensación de pertenencia, y si desaparecen y no son reemplazadas por otras se produce una pérdida de interés en nuestro país. Y no confundamos interés en nuestro país, y cariño por él, con nacionalismo barato. No es lo mismo.
Tenemos entonces que plantear algunos objetivos deseables y factibles. Por un lado, se pueden (y se deben) plantear objetivos como disminución a niveles tolerables de la desigualdad social, desarrollo sostenido y sustentable, solidaridad social, reducción de la corrupción a su mínima expresión, garantía de educación, salud y seguridad para toda la sociedad, democracia, participación, transparencia, derecho a la “búsqueda de la felicidad”, como con una expresión extraordinariamente feliz lo plantearon los padres fundadores de los Estados Unidos. Pero además es necesario garantizar la factibilidad. Es necesario que numerosos profesionales, técnicos, idóneos, científicos, tecnólogos muestren la viabilidad técnica de las propuestas, y los políticos las incorporen. Si vamos a desarrollar energía nuclear, por ejemplo, ver sus pros y sus contras. Ese es un buen ejemplo: los científicos y tecnólogos del área nuclear deben tener claro que su porvenir no depende de una apuesta a la energía nuclear. Que si resulta que es mejor no involucrarse demasiado en ella, su capacidad como especialistas, por ejemplo, en ciencias de los materiales, servirá para cualquier proyecto (con esto no estoy diciendo que no hay que desarrollarse en energía nuclear, solamente estoy diciendo que debe asegurarse a los interesados que, si se da el caso, pueden arriesgarse a herir sus propios intereses en aras del bien común).
En muchas partes del país, por ejemplo, el agua es un recurso escaso. Es necesario desarrollar la ciencia y tecnología hídricas. Los problemas relacionados con modelos hídricos ofrecen un ejemplo muy interesante de aplicación de diversas ramas de la matemática, la computación, la física, la ingeniería, la química, la meteorología y la geología: en efecto, un tramo fluvial o una cuenca se puede representar con un modelo hidrodinámico unidimensional no estacionario de aguas poco profundas con superficie libre. Éste es un problema de dinámica de fluidos muy elegante, que se formula matemáticamente mediante un sistema de ecuaciones diferenciales hiperbólicas en derivadas parciales casilineales puestas en forma de ley de conservación, que no tiene solución explícita y, por consiguiente, se resuelve mediante algún método numérico. Dicho método numérico debe luego ser implementado computacionalmente. A ese modelo se le deben ajustar determinados parámetros (muchos), los coeficientes de conducción, para que el modelo represente razonablemente la realidad, y para eso hay que resolver lo que en matemática se llama un problema inverso. Si no hay suficientes datos, por ejemplo en la alta cuenca, se simplifica la formulación con una ecuación hiperbólica casilineal escalar que representa un modelo hidrológico (la onda cinemática), y el número de parámetros a ajustar disminuye drásticamente. Las condiciones iniciales del modelo probablemente no se conozcan con precisión, y es necesario seguramente empezar con condiciones iniciales aproximadas, o por lo menos físicamente factibles, y llevar a cabo un proceso de “calentamiento” (warming up) del modelo. Como condiciones de contorno aguas arriba se pueden dar caudales en los puntos extremos del modelo, calculados gracias al conocimiento, mediante mediciones de pluviómetros, de las lluvias caídas en cada subcuenca de la alta cuenca. Para ello es necesario formular un modelo de balance hídrico que transforme lluvia en caudal. Teniendo en cuenta que la lluvia escurrirá superficial o subsuperficialmente, que hay escurrimiento subterráneo, y que se puede acumular en la reserva subterránea, el modelo requerirá, seguramente, el asesoramiento de ingenieros hidrólogos y geólogos y, por otra parte, dado que las escalas de velocidad del fluido superficial y subterráneo son distintas, es posible que haya problemas numéricos adicionales. Y aun así el modelo no está completo: los pluviómetros no están obligatoriamente ubicados en lugares representativos de las subcuencas, y es necesario asignar lluvias en pluviómetros a lluvias representativas en cada una de las subcuencas, mediante un proceso de “clustering” o agrupamiento, para lo cual se utilizan métodos de geometría computacional (diagramas de Voronoi o polígonos de Thiessen) y conviene la participación de meteorólogos. Y no hemos tenido en cuenta en esta descripción los problemas de contaminación, que en esencia son problemas de difusión que requieren ecuaciones diferenciales parabólicas y asesoramiento químico, ni los problemas de irrigación, que implican poder calcular, por ejemplo, el máximo alcance del frente de onda de caudales en surcos de riego. Y hay que mencionar además otros tipos de problemas: si aguas arriba o aguas abajo, o en el medio de un tramo, hay una represa, es usual tratar de elegir la operación óptima de la represa, en el sentido de maximizar una función objetivo, problema de optimización y control que requiere del apoyo de ingeniería económica. Y esto está enmarcado en un problema más ambicioso: optimización (o simulación) de aprovechamientos múltiples en recursos hídricos, en los cuales hay una vieja tradición en nuestro país. La optimización simplificada será programación lineal; un modelo más preciso es de optimización no lineal bajo restricciones no lineales, integrada con programación entera, temas todos de punta en matemática aplicada y computación.
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