Director: Bartolomé Tiscornia | Martes 7 de Septiembre de 2010
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Gustavo Fabián Perotti de León
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Ciencia o adivinación, por Gustavo Fabián Perotti de León

En nuestra sociedad occidental lo que es llamado comúnmente como ciencias naturales, goza de un gran prestigio; si alguna afirmación o raciocinio va a acompañado del calificativo “científico”, se da a entender que asume un alto grado de fiabilidad. En apariencia este goce radica en su implacable metodología y procedimientos, que abrigados por el inmutable manto de la razón, hace de sus estudios los más prestigiosos y dificultosos. Sin embargo esta cosa que llamamos ciencia, ¿merece la credibilidad que se le da?, o ¿es en la fiabilidad de sus métodos (como procedimientos) donde reside su prestigio?, y de no ser así ¿podría compararse a la ciencia (es su metodología) con otras disciplinas no científicas, como la astrología?, y por consiguiente ¿se puede establecer un límite entre la ciencia y la no-ciencia?; evidentemente para el grueso de las personas las dos últimas preguntas no valen la pena siquiera imaginarlas, pero de ser, por ejemplo, la física comparable a la astrología ¿donde quedaría ese grandioso respeto que se tiene por esta complicada y aceptada ciencia?.
Sobre la base de estas preguntas se sustenta el presente ensayo, con el objetivo de aproximarnos a la solución de estos problemas o en caso contrario, mostrar que el planteo de estas cuestiones nos suscitan más problemas y abandonarlos.
Una de las características especiales de las ciencias naturales, que navega en el imaginario social, es que sus enunciados derivan de los hechos. Que una manzana cayera en la cabeza de Newton, es suficiente, para muchos, que éste halla llegado a deducir la ley de gravitación universal. Si bien la observación es necesaria, parece no ser suficiente; ya que hoy todos los objetos soltados caen al suelo, no hay ninguna razón para pensar en el futuro esto siga ocurriendo. Otro ejemplo mas claro de esto es el siguiente: supóngase un pavo al cual su patrón le da de comer todos los días al despuntar el amanecer, en los sucesivos días el pavo esperara con ansias la salida del sol ya que ese es el momento de su almuerzo, y llegara a notar con el transcurso de los meses ésta regularidad. El pavo dará por sentado que en los días futuros siempre tendrá su comida al amanecer, hasta que llegado el día de acción de gracia su patrón le rebane el cuello.
Nuestro pobre pavo pagó el precio de inducir de los hechos una aparente regularidad a la cual atribuyo que cuando el sol despuntara él comería (suponiendo que no hubo días nublados). De la observación diaria de la regularidad de muchos de los hechos habituales formamos creencias que justificamos sobre los hechos mismos, como esperar que sol salga cada día; pero más allá de ésta necesariedad en las creencias notamos que no son suficientes, sino solo resta ver como terminó el pavo. Estas regularidades en los hechos que observamos y que podemos simular (experimentos) para su verificabilidad nos son conocidas comúnmente como leyes empíricas; todos los cuerpos son atraídos hacia el centro de la tierra con la misma aceleración, el agua hierve a 100° C, todos lo metales se dilatan con el calor, etc.. Todas estas afirmaciones gozan de una alta credibilidad, ya que no solo las llamamos leyes, sino que también han sido verificadas muchísimas veces; pero ¿es suficiente muchísimas veces como para otorgarle nuestra credibilidad en acontecimientos futuros?. Ciertamente no, ya que no somos capaces de contemplar los infinitos casos de verificación. Entonces estamos en un problema, lo que en un comienzo parecía un conocimiento seguro ahora no lo es; esta metodología inductivista no es suficiente como para que de la observación lleguemos a las leyes empíricas, capaces de predecir nuevas observaciones.
Este método que suponíamos intuitivamente como el adecuado, falla y por ende no nos permite dar razones suficientes sobre el conocimiento del mundo.
Karl R. Popper ha sido el defensor más vigoroso de una de las alternativas al inductivismo, que fue llamada falsacionismo. Según esta postura muchas de las leyes científicas pueden resultar falsas con solo apelar a la observación o experimentación. Cuanto más posibilidades tiene una hipótesis de ser falsada, goza de más prestigio, o sea cuanto más osada sea, más buena será. Por ejemplo decir que “mañana llueve” es más falsable que decir “mañana llueve o no llueve”, por lo cual esta última no es de interés para aquellos defensores del falsacionismo. Hasta aquí es claro que los falsacionistas hacen distinción de aquellas cosas que les interesan de las que no. Popper ha afirmado que el Psicoanálisis freudiano adolece de esta característica de la falsabilidad y determino que no se la puede considerar una ciencia.
Una hipótesis es más creíble cuanto más falsable es, en esta búsqueda desesperada por falsar las hipótesis no podemos encontrar con que definitivamente la refutamos; para el falsacionista esto es positivo y da indicios de conocimiento del mundo, ya que falsando las hipótesis sabe como no es el mundo (cuando me refiero a hipótesis también podrían ser un conjunto de hipótesis).
Si bien esta metodología es superadora de la anterior (inductivismo), tiene sus problemas. Un sistema de hipótesis es lo que conocemos como una ley, si esta ley es falsada definitivamente ¿podremos establecer cuales de las hipótesis son falsadas particularmente o es todo el sistema de hipótesis el que falla?, en fin ¿qué es lo que esta mal?. Otra crítica al falsacionismo radica en el proceder de los científicos ante la falsación de un conjunto de hipótesis. Solo nos hace falta revisar la historia de la ciencia para notar que más allá de que una ley sea falsada, por razones de coherencia y objetividad, los científicos no renuncian a ella y continúan sus trabajos a pesar de todo. Un ejemplo claro de ésto refiere a la teoría de gravitación universal, la cual no daba explicación en el retardo de la orbita de Urano, pero sin embargo la ley no fue rechazada con la esperanza de que algún día pudiera explicar la anomalía. Y a sí, el descubrimiento de Neptuno (el cual fue inventado y luego observado con el telescopio) fue una gran confirmación de la ley. De haber procedido como falsacionistas se hubiese derrumbado toda la ley y buscado una alternativa, lo cual, gracias a la providencia que ilumino a aquellos científicos, no sucedió.
Ahora tanto el método inductivista como el falsacionista no dan los resultados esperados debemos busca otra alternativa distinta, o sea otro método el cual de explicación del proceder científico.
Es en estos momentos donde creo prudente realizar una observación pertinente; etimológicamente, “método” significa camino. Puesto que el objetivo del hombre de ciencia es construir leyes, podía pensarse que el método es un conjunto de normas, que de ser utilizadas correctamente, permiten construir leyes a partir de situaciones físicas problemáticas que requieran explicación. Pero tales normas, al menos desde una perspectiva histórica, son inexistentes; no hay recetas de las cuales se sirvan los científicos para el desarrollo de leyes. Si se considera a la historia de las ciencias como algo más que un depósito de anécdotas, puede producir una transformación de la actual imagen que tenemos de ésta. Analizar la historia de las ciencias, es algo que no realizaron aquellos precursores de las anteriores metodologías, y si lo hicieron, las han manipulado para su conveniencia. Dentro de los filósofos más destacados que han analizado la historia de las ciencias para comprender el fenómeno ciencia, se encuentra Thomas S. Kuhn. Ante las limitaciones del inductivismo y el falsacionismo, Kuhn considera a las leyes científicas como estructuras interpretadas a la luz del estudio de la historia en el momento en que se produjeron, solo allí es donde cobran significación. Éste análisis sincrónico de la historia, da a pensar que la actividad del científico y en particular sus producciones, las leyes, son subjetivas y sujetas al contexto histórico. Son subjetivas ya que son creaciones personales que intentan dar razón de los hechos, su trascendencia depende de cómo el individuo persuada a la comunidad científica de que su ley es la correcta, pero tanto la creación como la forma de persuasión carecen de objetivad, solo se dice que la ley es objetiva cuando es aceptada por el grueso de los científicos. A su vez, la ley, se encuentra sujetada al momento político, ético, económico y social de momento histórico en la cual se desarrollo como también del desarrollo científico hasta el momento en la cual surgió la ley, o sea también esta sujeta al aporte de las producciones anteriores a ésta. Ambas características hacen pensar que la ciencia no es como se la imaginaba en el comienzo del articulo, sino que más bien podríamos considerar, que tal vez, los astrólogos que desarrollaron el corpus de supuestos que sostienen sus trabajos, no es muy distinto, en su forma y justificación, al que pensó Kepler al idear su cosmología heliocéntrica, que según él la creo guiado bajo ideas de estética (como por ejemplo la circularidad o simplicidad) que circulaba en el s. XVII. Evidentemente bajo estos supuestos, la ciencia física no es algo tan diferente de la astrología, al menos en como son creadas y justificadas.