Un “Beso” inolvidable: Auguste Rodin, por Jorge de Hegedüs
Especial para el “Club del Progreso”
La fila era relativamente larga. En realidad éramos una multitud los que de forma ordenada esperábamos ansiosamente que se abran los portones de la 79, rue de Varenne en la maravillosa ciudad “luz”, es decir, París. Finalmente las mismas se abrieron y entramos a un enorme jardín el cual estaba dominado por una escultura colosal llamada “El Pensador” (Le Penseur) Sí, se trataba del museo dedicado al gran escultor Auguste Rodin. Quizás dicha estatua ― fundida en bronce, con sus medidas de 1,98 x 1,30 x 1,34 m ― sea la más conocida de este artista, la cual hasta puede ser definida como sinónimo de “Rodin”. Pero entrando a los distintos salones de este gran museo uno se asombra por el alto nivel de las obras de este escultor.
En la misma se observan enorme cantidad de figuras que determinan sin lugar a dudas la personalidad de Rodin, es decir, un estilo natural, completamente libre de convencionalismos y en donde las figuras de los seres humanos se presentaban en la mayoría de los casos completamente desnudos. En efecto, en su taller de trabajo en vida de este gran escultor (1840 – 1917), se movían personas de ambos sexos sin ropas y, si en determinado momento alguna de ellas pasaba por una actitud determinada, Rodin la detenía y hacía al instante un croquis de esa situación. Demás está aclarar que este artista era también un excelente dibujante. Pero en otras ocasiones Rodin no recurría al dibujo sino directamente al barro y modelaba rápidamente.
Para Rodin no existía diferencia alguna entre las distintas partes del cuerpo humano; era lo mismo una mano, el hombro, la cabeza como también lo que comúnmente llamamos “partes íntimas”: ¡la intimidad física no existía! En cierta ocasión conoció a una anciana de origen italiano la cual vino a París para encontrarse con su hijo. Se la presentaron a Rodin y este le pidió que posara para él. Cuando esta persona se despojó de sus ropas, y quedó completamente desnuda, Rodin quedó fascinado; pese a lo avanzada de su edad, con sus carnes arrugadas, flácidas, caídas, el busto prácticamente “seco” y pegado a su tronco, Rodin exclamó ¡qué belleza! e inmediatamente hizo un busto de ella. Si bien este artista prefería a la figura de personas jóvenes, en este caso hizo una excepción.
Auguste Rodin implantó un estilo muy sensual, sumamente erótico a sus obras. Por este motivo y, en un principio, muchos miraron con cierta reserva sus creaciones. Entre ellas, podemos destacar al “Beso” (Le Baiser). En un principio esta obra estuvo o se pretendió incorporarla a una creación monumental como ser “Las puertas del infierno” (La Porte de l'Enfer) la cual mide nada menos que 6 metros de alto, 1 de profundidad y 4 de ancho. La misma está enriquecida por 180 figuras cuyas dimensiones fluctúan entre los 15 centímetros y más de un 1 metro. Pero al igual que “El Pensador”, Rodin resolvió separar al “Beso” de “Las puertas del infierno” (1887). ¿Cuál fue la base para la representación de este acto tan sensual? Fue la obra literaria “El Infierno” de Dante Alighieri (1265 – 1321). La razón de ello fue que en primera instancia Rodin quiso plasmar de alguna forma la tragedia ocurrida entre Francesca de Rimini (1255 -1285) con Paolo Malatesta (1246 -1285). Recordemos que ambos fueron asesinados por el esposo de Francesca, Giovanni Malatesta, el cual era el hermano mayor de Paolo. De acuerdo a la obra de Dante, los dos amantes fueron a parar al “segundo círculo” del “infierno”. Pero, mientras Rodin componía su “infierno”, finalmente resolvió sacar a la pareja de esa obra gigantesca.
Al mirar esta creación, ¿qué es lo que se puede observar? Vemos a dos cuerpos sentados, desnudos, enfrentados en un semi perfil y unidos por un beso. El cuerpo del varón está bien formado desde el punto de vista anatómico; en efecto, presenta hombros anchos, deltoides y musculatura de la espalda bien definidas, al igual que sus brazos, denotando con ello la virilidad de la juventud.
La joven, de cuerpo hermoso, armónico, rodea con su brazo izquierdo el cuello de su amante como queriendo ocultar el acto de la unión de sus respectivos labios y también con un sentimiento de cariñosa posesión, mientras éste tiene apoyada con delicadeza su mano derecha sobre el muslo izquierdo de ella. De esta figura se aprecian solamente tres rodillas, una del varón y las otras dos de su joven amante. Evidentemente que existe gran expresión de sensualidad, a la vez que también se aprecia amor, ternura y delicadeza. Esta célebre escultura hecha en mármol se convirtió en el verdadero símbolo del arte erótico, pero de una calidad tal que merece el mayor de los respetos. Esta gran obra fue encargada por el Gobierno de Francia en el año 1888 y apareció por primera vez ante el público diez años más tarde, es decir, en 1898. El éxito fue de tal magnitud, que la compañía Barbedienne le ofreció a Rodin un contrato para que éste produzca una cantidad ilimitada de copias de bronce.
Hay que destacar que un coleccionista millonario norteamericano, Edgard Perry Warren, el cual estaba radicado en Sussex, Inglaterra, quedó también tan fascinado con esta obra que se la quiso comprar a Rodin. Pero el Estado Francés impidió esta transacción comercial. Por esta causa, Rodin resolvió hacer una copia del “Beso”. Warren aceptó su propuesta ― aunque hubo algunos problemas o regateos por el precio a pagar, lo que finalmente se arregló ― y dicho escultor empezó a trabajar con el pedido en el año 1900. Pero en este “Beso” hubo diferencias con la escultura anterior. En efecto, el magnate americano exigió que “los genitales del hombre deben ser completos y vistos con toda naturalidad”, algo así como en la Grecia clásica ― caso del “David” de Miguel Ángel ―. Por esta causa Rodin hizo esta obra en la cual los dos amantes, si bien están también unidos por un beso, sus respectivos cuerpos están más perfilados con relación al modelo anterior, con lo cual se pudo satisfacer el pedido de este excéntrico millonario y coleccionista anglo – americano. Recordemos que en la escultura original las partes íntimas de ambos amantes estaban ocultas, y ello debido a la posición más cercana de ambos.
La escultura llegó a Inglaterra, Sussex, en 1904, pero llamativamente no fue a parar para su exhibición en un museo o galería, sino…a un establo. En dicho lugar estuvo nada menos que durante una década, y al comenzar la Gran Guerra en 1914 fue cubierta con una lona. Pero ¿por qué esta decisión? Debido a que el ayuntamiento de Sussex consideró a esta obra era “ofensiva por su erotismo”. Esta segunda versión del “Beso” estuvo largamente oculta hasta la muerte de Warren, la cual tuvo lugar en 1928. Finalmente tuvo su reconocimiento y aceptado por el pago de un precio muy bajo por la galería Tate, en la ciudad de Londres, y es en donde se encuentra actualmente desde el año 1953.
En realidad hubo dos copias más; una para un coleccionista danés llamado Carl Jacobsen, pero que en realidad era igual al “Beso” original, y otra más que empezó hacer Rodin, pero la muerte lo sorprendió en pleno trabajo y fue finalizada por otro escultor de nombre Henri Greber (1855 - 1941). Esta obra se exhibe en el “Museo Rodin” situada en la ciudad de Filadelfia, Estados Unidos.
Sí, los amantes del arte se sienten bien recompensados al visitar el “Museo Rodin” situada en la 79, rue de Varenne en la ciudad de París.