Director: Bartolomé Tiscornia | Martes 7 de Septiembre de 2010
Busqueda en el sitio





Columnas anteriores


Informe económico, Junio 2010, por Julio Eugui

¿Cómo avanza el demorado "sueño" de la integración productiva con Brasil? por Raúl Ochoa

Informe económico, Marzo 2010, por Julio Eugui

Los derechos adquiridos, y los derechos que diariamente se vulneran, por Hugo Jorge Carassai

Prebisch, el Keynes latinoamericano, por José Miguel Amiune

El problema no es el B.C.R.A. o las reservas, es… el gasto!!!, por Hugo Jorge Carassai

El “Estatismo” de PETROBRAS y las exploraciones en el mar, por Ernesto Poblet

¿Es que no tenemos solución? por Hugo Jorge Carassai

Informe Económico, Diciembre 2009, por Julio Eugui

Informe Económico, Octubre 2009, por Julio Eugui

| 1 | Next

Informe económico, Junio 2010, por Julio Eugui

Finalizando ya el segundo trimestre del año, es momento oportuno para realizar una revisión de lo acontecido en la economía y trazar las perspectivas para el próximo trimestre.
El período bajo análisis se caracterizó, tal como lo previmos en el último informe, por la implementación de políticas tendientes a incentivar la demanda, fomentar el crédito a tasas negativas y lograr que el PBI vuelva a crecer en forma importante con un único objetivo, llegar a 2011 con un nivel de actividad cuasi plena que los ayude en el resultado electoral.
Para lograr este resultado el kirchnerismo maneja la política económica en forma absolutamente discrecional, haciendo que las decisiones del sector privado dependan del parecer del Poder Ejecutivo dando como resultado sectores o empresas beneficiadas o perjudicadas según su parecer o conveniencia.
Esta estrategia tiene hoy un costo muy importante que se refleja en el aumento de la tasa de inflación, ya en niveles preocupantes y que ante la falta de una política para contenerla el gobierno trata de disimularlas de diversas maneras.
Una de ellas es la de negar el fenómeno, apoyándose en las inverosímiles estadísticas del Indec, que permanentemente son desmentidas por la realidad.
Otra, trasmitir la idea que una alta inflación es la condición necesaria para lograr un alto crecimiento, lo cual es desmentido por países cercanos (Brasil, Chile, Uruguay, entre otros) cuyas economías se expanden a tasas similares a la del nuestro pero con índices de inflación de un dígito anual y por último una tercera, que consiste en poner mas plata en los bolsillos de mucha gente para crear la ilusión que pueden ganarle a la inflación, aunque a la larga su poder adquisitivo termine disminuyendo en términos reales.
La Argentina ha vuelto a tropezar deliberadamente con la misma piedra, guiada por un gobierno que reinvindica políticas del pasado inflacionario y no tiene una estrategia para controlarla y evitarla.
La política de estimular la demanda por encima de lo que puede crecer la oferta a costa de una inflación mas alta, complica sin duda la agenda económica.
En la mayor inflación está el germen de una futura desaceleración del crecimiento, que aunque por ahora no podamos decir con certeza cuando ocurrirá, sí estamos seguros que inexorablemente sucederá, dado que por un lado desalienta la inversión productiva, cuyos actuales niveles no permiten sostener la suba del PBI a tasas tan elevadas y por otro, esta pseudoreactivación, esta generando un sostenido aumento de las importaciones no correspondido por un crecimiento similar de las exportaciones, lo cual encierra el riesgo de nuevas restricciones o controles para cuidar las reservas.
A su vez, el paulatino retraso cambiario desincentiva la sustitución de importaciones que fue uno de los pilares en que se apoyó la política económica durante el período 2003/2007.
Por el lado de la demanda buena parte del actual boom del consumo obedece a la caída del ahorro, tanto por las tasas de interés, hoy negativas, como por el dólar que se mantiene en valores similares desde hace tiempo.
Como la teoría y la práctica indican, los procesos de alto crecimiento con alta inflación tienen tarde o temprano un punto de inflexión.


Esto es por todos conocido y lo único que logra a futuro es incrementar la incertidumbre y desalentar la inversión.
Esta es a grandes trazos la realidad económica en que estamos inmersos, situación que entendemos no va a cambiar en el futuro próximo. Habrá sin duda mas de los mismo, o sea mas impulso al consumo interno, mas intervencionismo, mas gasto público, mas emisión monetaria para financiar el déficit fiscal y una tasa real de inflación que no bajará del 25/ 30% anual.
Hasta cuando, esa es por ahora la incógnita, debiendo por nuestro lado recomendar extrema prudencia en el accionar económico, dado que lo que vivimos tiene fecha de finalización y aún cuando hoy no la avisoremos no está demasiado lejos.


Dos palabras sobre las implicancias económicas y políticas de la flexibilización del Yuan.

Es sumamente conocido el fenomenal proceso de crecimiento que ha tenido China después de las reformas introducidas hacia fines de la década del setenta.
El modelo se basó en un fuerte y constante incremento de las exportaciones y de la inversión externa directa. Para ello, fijó un costo de mano de obra extremadamente bajo y un tipo de cambio fijo artificialmente subvaluado.
La combinación de mano de obra barata debido a los paupérrimos salarios y el tipo de cambio subvaluado, hizo que diferentes países como E.E.U.U., la Comunidad Europea y otros, vieran sus economías inundadas con productos chinos en desleal competencia.
Pese a los reclamos esta situación se mantuvo hasta mediados del 2005, donde las autoridades del Banco Popular de China cedieron a la presión y decidieron flexibilizar la política cambiaria, permitiendo de este modo iniciar un proceso de valorización de su moneda el cual iba a ir corrigiendo los fuertes desequilibrios externos ya mencionados.
Esta situación fue nuevamente modificada en julio de 2008 donde el Banco Popular de China decidió anclar nuevamente el tipo de cambio debido, según lo comentado por ellos, a la crisis global de la economía.
Finalmente días pasados las autoridades chinas anunciaron el retorno al sistema de flexibilización, o sea el yuan retomará su sendero de revaluación.
El permitir este hecho indica claramente que cambia en gran medida el motor del crecimiento dado que la demanda interna reemplazará a la exportación.


Esta decisión además refleja un significativo reposicionamiento de China con dos claros objetivos, reducir su dependencia externa y a su vez mejorar la calidad de vida de la población.
Es claro entonces que a la revaluación del yuan, le deberán seguir aumentos salariales que mejorarán el ingreso real de la población y consecuentemente aumentará el consumo interno y los países que sufrían la avalancha de productos chinos, verán
gradualmente disminuir las importaciones desde ese país dado el mayor costo que los mismos tendrán.