Director: Bartolomé Tiscornia | Jueves 9 de Septiembre de 2010
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Argentina necesita otro Roca, por Guillermo Gaudio

Frente a la insensata propuesta de una diputada nacional de reemplazar la imagen del Grl. Julio Argentino Roca en los billetes de cien pesos por la de la patriota Juana Azurduy, sin desmedro de los valores de esta, es necesario recordar algunas de las virtudes que exteriorizó en su vida política el general aludido.

Antes que nada es necesario destacar el aspecto discriminatorio del proyecto. Se trata en él de sancionar la imagen histórica de hombre a quién debemos la integridad territorial, por un supuesto genocidio, debido a su combate contra las tribus araucanas que ocupaban nuestro territorio.

No es cuestión de negar los abusos que existieron. Los representantes de la civilización muchas veces se pusieron a la altura de los peores hábitos indígenas, en materia de trato humano.

Las deportaciones a la isla Martín García, la división en las familias prisioneras, la separación de los hijos pequeños de sus madres, la larga marcha a pie con la que se los condujo a Buenos Aires, hoy nos escandalizan porque tenemos más conciencia al respecto, luego de numerosos casos similares en otras partes del mundo.

En aquel momento sólo se veía un trato merecido a quienes habían procedido “salvajemente” cada vez que les tocó la oportunidad.

También hay que aceptar que en los gobiernos de entonces, como en la actualidad, los actos de gobierno, como casi siempre ha ocurrido en Argentina, no siempre tuvieron la transparencia necesaria.

Pero ello no invalida la visión del Grl. Roca como la del hombre que contribuyó en gran medida a formar la Argentina moderna.

Aprobar el proyecto presentado en la Honorable Cámara de diputados significaría desconocer la historia o en el peor de los casos mirarla sesgadamente, dado que tal proyecto desconoce:

a) que cuarenta años antes Juan Manuel de Rosas, llevó a cabo una campaña semejante, sin obtener el mismo éxito, donde eliminó cerca de cuatro mil quinientos aborígenes, sin embargo nadie lo demoniza por eso. Los que vituperan a Roca callan sobre Rosas.

b) que los araucanos eran una etnia usurpadora ya que en su conquista de la pampa, que iniciaron desde Chile a comienzos del siglo XVII, sojuzgaron mediante la guerra a las tribus originarias tanto pampas como tehuelches, habiendo derrotado a estos últimos en las batallas de Llanquineo y Cholten Aike, apropiándose no sólo de sus tierras sino también de sus mujeres e hijos.

c) que Calfucurá, nacido al pie del volcán Llaima en Chile, había sentado sus reales en la zona de las Salinas Grandes, próximas al actual Carhué. Allí creó la Confederación Indígena, donde agrupaba a diversas tribus, sobre las cuales tenía hegemonía, y libraba una batalla sin cuartel contra los asentamientos que la civilización iba empujando hacia el interior del país.

d) que en la lucha contra el mismo, del lado del Ejército Nacional tomaron parte tribus indígenas de pampas originarios, como fue la de Cipriano Catriel, jugando este último junto a sus indios de lanza un papel decisivo, en la batalla de San Carlos, a partir de la cual, luego de su derrota, comenzó la decadencia de Calfucurá.

e) que la estrategia dinámica de Roca, de ir a buscar a los indios en sus aduares, opuesta a la estrategia estática de Alsina, basada en una línea de fortines, que de poco servían para contener los malones, estaba basada en la necesidad de asegurar el uti possidetis de la totalidad de las tierras al norte del Río Negro, pues esa era una clausula del tratado firmado con Chile en 1854, que determinaba que en él estaría basada la soberanía del país demandante de tales superficies. Mal podía la Nación Argentina reclamar como propias tierras donde no detentaba soberanía o, mejor dicho, las había entregado a la Confederación Indígena.

f) que cuando fue presidente de la república, en dos períodos distintos y distantes entre sí, (1880-1886 y 1898-1904) fue un gobernante progresista que entre otras cosas, creó el Registro Civil, hizo aprobar por el Congreso Nacional la ley de matrimonio civil y la de educación laica, gratuita y obligatoria, ( conocida como ley 1.420 e inspirada por Sarmiento), federalizó la ciudad de Buenos Aires, a la que integró los pueblos de Belgrano y San José de Flores, firmó con Chile el Tratado de Límites en 1881 y su complementario en 1902, reemplazó la leva por el servicio militar obligatorio, extendió los ferrocarriles y fomentó la creación de colonias agrícolas. Cuando se alejó del cargo por segunda vez había dejado un país prospero que atraía numerosos inmigrantes.

Debemos agregar que participó en numerosas batallas en nuestras desgraciadas guerras intestinas, por las cuales logró su grado de general, no conociendo en ninguna la derrota.

Hoy, cuando el país muestra señales de encaminarse a revivir las viejas discordias que en muchas oportunidades y durante muchos años entorpecieron su organización y progreso, aparece como imprescindible la aparición de un hombre o una mujer que, en la compañía de ciudadanos y ciudadanas de la talla de los de la generación política que acompañó a Roca, reúna las virtudes que este tuvo como fueron su habilidad política, sentido patriótico, coraje personal, visión de futuro, determinación en el logro de progreso nacional y firmeza en la defensa de los intereses del país.