Director: Bartolomé Tiscornia | Jueves 9 de Septiembre de 2010
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El impuesto al cheque y otras breves consideraciones, por Alfredo Gustavo Quaglia

Los argentinos - ya acostumbrados a las falacias gubernamentales- en algunos casos no llegamos a comprender los terribles efectos, no tan visibles, de la falta de seguridad jurídica, como las argucias para eludir nuestra Carta Magna. Como nos enseñaba Moreno, sin Constitución todo es una quimera. Hoy la quimera está presente.

No debemos olvidar que la presión tributaria actual es la mas alta de nuestra historia. Tiene el dudoso "privilegio" de ser de las mas severas y regresivas del planeta.

Pareciera que fuera de la búsqueda de enemigos, el gobierno no aprendió las enseñanzas de la historia;nuestras guerras civiles tuvieron, como nos señala Alvarez, entre otros, un componente de distribución impositiva. Ciertamente no olvidamos otros.

Hoy asistimos a la menor relación en participación de la recaudación, Provincia vs. Nación, sin mencionar la transferencia a la provincias de la Educación, Salud etc.

No le quepan dudas al lector que el sector privado seguirá pagando impuestos confiscatorios.

En nuestro propósito puntualizar que al margen de ser el impuesto al cheque un impuesto distorsivo que pasa por todas las etapas del proceso productivo, cuyas resultas son el encarecimiento en el fin de la cadena.El precio final. Debemos agregar a estos dislates que nos impuso Cavallo de manera "transitoria", la disfunción que significa el impuesto a la ganancia mínima presunta.

Como pontifica un amigo aconomista, "estamos comprando cada vez mas impuestos."

El culebrón armado por el Poder Ejecutivo ,reunión de gobernadores, amenazas de derogar, presiones, etc., en torno a este tema, oculta un dato incontrastable.

En rigor de verdad es un debate bizantino: es un demostración del PEN que todavía le resta poder político.

Así las cosas ,surge claramente la argucia toda vez que el problema es el desmesurado aumento del gasto, tal como me ocupé de resaltar en otra Carta Abierta anterior.

Cualquiera sea el´régimen de reparto por el que optara frente al gasto público y su consecuente déficit, sin no hay modificaciones en este último poco importa cómo se distribuya. El gasto -record histórico- no cambia. Este es el problema que nos enfrentamos.

Las consecuencias directas de este alarde de poder político sin asidero en lo posible económicamente traerá consecuencias. Citaré algunas.

1) Al transferirse las reservas al Banco Central, queda convalidada la posibilidad de emitir moneda para financiar el déficit fiscal y el pago de las deudas en pesos.

2) El Banco Central se convierte en un "apéndice financiero" del gobierno nacional con recursos no genuinos. Este punto es muy peligroso

3) Según nuestras lecturas el déficit fiscal rondará en el 4% del PBI, necesitará imponer el mas injusto de los impuestos, el inflacionario, con guarismos entre el 30 % y 35 % anual. Perjudicará directamente sobre quienes afirman defender.

4) El tipo de cambio (administrado) fijado, frente a la erosión que produce la inflación en los costos de producción nos restará competitividad.

5) Las trabas a las importaciones son una fugaz ilusión de contar con un saldo comercial favorable. Ya hay medidas concretas de restricciones para nuestros productos por parte de Brasil, ahora se suma la amenaza China con el aceite de soja (derivado del yuyito). Ya en algunos rubros hay desabastecimiento: siempre pasó cuando se adoptaron este tipo de medidas.

6) Si por el contrario, el dólar deja de ser "administrado" la espiral inflacionaria se acelerará. Quizás, una buena cosecha de soja -el yuyito- y la apreciación del real le permitan a este gobierno una limitada maniobra para mantener relativamente estable la tasa de cambio.

En definitiva, a nuestro juicio el monumental gasto público continuará, raíz del problema. En estos términos no debemos esperar inversión; esto es, al cabo del tiempo estaremos fuera del mundo. Sin créditos, inflación, maquinaria obsoleta y una pavorosa falta de certeza jurídica.

No quiero finalizar estas breves e incompletas líneas, en el año del bicentenario, sin señalar lo que nos adviertiera Moreno en el Prólogo de la traducción del Contrato Social de J.J. Rousseau:..."si los pueblos no se ilustran, sino se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar durante algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos, sin destruir la tiranía.

Hago votos, como casi todos los argentinos, para que las predicciones de Mariano Moreno no se hagan realidad; que se instale en la Patria, con nuevas formas, instituciones formales integradas por complecientes que se traduce ,en lo concreto, en la supremacía casi absoluta del Poder Ejecutivo.

!No debemos permitirlo!. Jorge Luis Borges (Poesía de la Semana) nos legó en su Oda, palabras que nunca deberíamos olvidar:"...Somos el porvenir de esos varones/La justificación de aquellos muertos;/Nuestro deber es la gloriosa carga/Que a nuestra sombra legan esas sombras/Que debemos salvar./Nadie es la patria, pero todos los somos/.Arda en mi pecho/ y en el vuestro, incesante/Ese límpido fuego misterioso".

Alfredo Gustavo Quaglia. Abogado, MBA, Berkeley University, Especialista en AED, Universidad Complutense.