Director: Bartolomé Tiscornia | Martes 7 de Septiembre de 2010
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El híper presidencialismo Latino, por Raúl Soria (h)

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El híper presidencialismo Latino, por Raúl Soria (h)

En los sistemas presidencialistas, las sociedades esperan del jefe del Estado un liderazgo político y una referencia moral. Todos nuestros presidentes constitucionales ejercen su cargo dentro de la especial configuración de nuestro sistema político. Nuestros ingenieros constitucionales incluyeron como uno de los rasgos fundamentales del orden institucional el de la concentración de una gran cuota de poder en la figura del Presidente de la Nación.

La idea alberdiana de un "rey constitucional" tiene su fundamento en fuertes tradiciones populistas y caudillistas que asigna nuestra historia nacional La concentración de poder aseguraba la desaparición de la rebeldía plural de los caudillos, para crear un sistema de normas homogéneo. Esta configuración institucional implica una importante personalización del poder y, consecuentemente, que quien detenta este cargo sea el depositario de los destinos del país.

El peligro es la informalización política y la falta de control republicano resultantes de la concentración y personalización del poder en sistemas hiperpresidencialistas.

La informalización de la política, constituye un menoscabo progresivo a la eficacia de los partidos políticos, a los marcos institucionales y el desprestigio partidario. Este fenómeno se originaría a partir de la emergencia de fuertes liderazgos que forman consensos y gobiernan tomando distancia de las estructuras partidarias y relativizando o ignorando las reglas institucionales de división de poderes y el “gobierno de la ley”.

Los partidos y parlamentos pierden tanto sus capacidades de orientar la toma de decisiones gubernamentales, como de mediar entre ellas y la opinión publica.

Lo más grave aun es la ausencia de “las fuerzas de peso y contrapeso” que todo congreso debe ejercer.

Ello es estimulado por la relevancia que adquieren nuevos actores y recursos en la vida política (los medios masivos de comunicación, las tecnocracias locales y de los organismos internacionales, los lobbies empresarios y los capitales financieros globalizados), marginalizando aun más a los partidos y a los parlamentos. Hasta aquí los argumentos apuntan al debilitamiento institucional-organizativo e identitario cultural de los partidos. Y a cómo los líderes tomaron distancia de ellos para adaptarse al nuevo contexto político, económico y estatal en que debían competir entre sí y gobernar.
Esta especial trama de híper-poder que muchos señalan en la persona del presidente una tendencia a prácticas autoritarias o hegemónicas proclive a evitar la deliberación parlamentaria, cuando el punto debería consistir en preguntarse si el juego institucional de nuestro país le deja al presidente la opción de comportarse de otra manera en la medida en que aspire al éxito.

Parecería ser que para la oposición no tiene ningún incentivo colaborar en el feliz desarrollo de las políticas del gobierno. Al contrario, el juego de suma cero en que consiste nuestro presidencialismo (un juego en el que quien gana, gana todo y el que pierde, pierde todo) no brinda más premios que el control del ejecutivo, con lo cual la oposición hará todo lo posible para socavar poder presidencial.

SORIA, RAUL V. (h)
Dr_rvsoria@hotmail.com