Director: Bartolomé Tiscornia | Viernes 30 de Julio de 2010
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El desorden, por María Eugenia Fedullo Torres

Una de las cosas más difíciles es sobrevivir en medio del desorden ajeno. Sin embargo, y sobre todo en Latinoamérica, tenemos un entrenamiento diario en este asunto. Desórdenes de tráfico, políticos, económicos, sociales, militares, civiles, femeninos, masculinos, generacionales, etc. Convivimos con éstos, nos adaptamos y seguimos caminando. Cada cual desde sus ideas y hacia sus objetivos. Cada uno agrupado en ésta u otra «tribu».

Recuerdo un libro que leí hace muchos años, de Hebert Marcuse, donde él escribía acerca de la «filigénesis», y la «ovogénesis». Siento no recordar lo que decía. Buscaré ese libro, y volveré a leerlo... igualmente si usted lo recuerda le agradecería me lo comente a mi correo.

La sinceridad con la que se manifiesta el desorden es tal vez un espejo de nosotros. Aún cuando tengamos ordenado nuestro placard. Aún cuándo nos sintamos despreocupadamente ajenos de responsabilidad. De todos modos... ¿Cuántas responsabilidades tenemos como ciudadanos? Se dice que "se sabía de los desaparecidos", se dice que "el pueblo apoyaba los golpes de estado", se dice que "la lucha de clases no se terminó", también se dice todo lo contrario de cada una de éstas afirmaciones y muchas otras.

«Se dice de mi. Se dice que soy fea que camino a lo malevo que soy chueca y que me muevo con un aire compadrón.» Fragmento del Tango Se dice de mi, de Tita Merello.

Una vez reconocido el desorden, y luego de haber hecho la adaptación. Es decir, después de haber sobrevivido sin enfermar de psicosis, o cualquier psicopatía. Empezamos a notar que posee una lógica, una estructura, y muchas veces una repetición de secuencias que pueden ser previsibles y dominables. Nuestro querido desorden comienza a tener sentido.
«Tengo un mundo de sensaciones», cantaba Sandro, pero prefiero a Moyo.

Lo primero que hacemos es tratar de observar el desorden, de tal manera de poder determinar su lógica, y sus secuencias. Error. La observación del desorden solo nos hará perder tiempo. Como si quisiéramos analizar el ADN de un conejo, solo observándolo comer. Tenemos que desarmar el desorden. Es decir... desordenarlo aún más.
Una de las características del desorden, es que nadie lo ordena. Por lo tanto, desordenarlo aún más, implica darle un orden propio y personal.
En éste punto... es importante conservar la calma. La realidad perturba la mente de cualquier que intente analizarla, escribí en la Editorial del mes de Abril. Pero ésta es la de Mayo. Aunque todavía sea Abril.

Para darle un orden al desorden, es necesario saber hacia donde nos dirigimos. Qué queremos. Después, es cuestión de llevar adelante las metas. Como jugar Ajedrez o Backgamon rodeada de ésta realidad ajena y absolutamente desordenada.

Ma. Eugenia Fedullo Torres
Realizadora Integral de Radio - Periodismo y Producción

PD: Pudimos haber elegido el camino de lo previsible del desorden. Pero ese camino está cortado.

Publicada en www.lecturasdigitales.com.ar, como Editorial del mes de Abril de 2006.